jueves, 19 de febrero de 2009

La Pedagogía de la Coacción.

Durante la polémica de los últimos días sobre los centros de menores, hay algunos amigos y amigas que se echaban las manos a la cabeza. Pero quiero recordar que el concepto de hombre como ser autosuficiente, bien orientado y capaz de lograr por sí solo su educación, no es compartido por todos. Hay infinidad de autores pesimistas, con respecto a la naturaleza humana, que han considerado que el ser humano tiende a cosas que lo desvían de su verdadero fin, lo que convierte en muy difícil la tarea de su educación. Y en esta reflexión no es baladí. A estos autores negativos lo llaman “retrogrados”, y es un modo de ver al hombre, que yo no comparto, pero que se fundamenta en el cúmulo de sufrimientos y tragedias históricas que colectiva e individualmente han marcando la existencia humana.

Idea pesimista sobre la naturaleza humana


Cuanto más retrocedemos en la historia humana más constatamos la práctica del autoritarismo, de educación coactiva, la ausencia de respeto a las personas, los hijos y subordinados. El temor y la humillación marcan la existencia humana. Sería por la rudeza de la lucha por la vida pero, sobre todo, por la falta de cultura, de racionalidad. Las antiquísimas religiones orientales afirman que la existencia es imperfección. La Biblia presenta la naturaleza humana degradada originariamente por un pecado. Según la tradición órfica en el hombre coexiste un halito de dignidad divina y una porción de maldad titánica.

Muchos filósofos griegos se lamentaron de ciertos aspectos de la condición humana, por ejemplo Platón veía el cuerpo como cárcel del alma.

La antropología judeo-cristiana

La cosmovisión Judeo-Cristiana es uno de los pilares de la cultura occidental y, por tanto, de su sistema educativo al que transmite su matiz de desconfianza hacia las capacidades humanas y, la necesidad de enderezarlas, de estimularlas hasta suplirlas.

El pecado original y sus consecuencias, ocupa una posición clave en la teología como en el pensamiento hebraico y cristiano, el hombre es pecador, su vida moral supondrá una lucha contra las exigencias de su naturaleza desordenada. La superación de ese estado se conseguirá solo con el dolor de los sacrificios por la lucha ascética: trabajo como castigo, obediencia a la ley impuesta, reconocimiento de las propias faltas y voluntad de auto superación.

El cristianismo refleja en la Biblia que el hombre es pecador y debe expiar sus faltas “el que se ensalza será humillado el que se humilla será ensalzado”. La gran formulación de esta doctrina es obra de San Pablo que establece una oposición entre el hombre carnal y el espiritual “…queriendo hacer el bien, es el mal el que se me apega; porque me deleito en la Ley de Dios según el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros que repugna a la Ley de mi mente y me encadena a la ley del pecado…”.

Los padres de la iglesia se hacen eco de esas enseñanzas. Por esa época apareció el maniqueísmo que, partiendo de dos principios opuestos, el bien y el mal, considera que este último es el elemento constitutivo de la naturaleza humana.

El mundo medieval profundamente religioso y más lleno de temor cósmico que de autonomía existencial, tuvo un programa de salvación: el ascetismo: esta vida es solo un medio para otra futura, de modo que lo más sensato era no caer en las tentaciones de la carne y obrar la propia salvación “con temor y temblor”. Pensamiento claramente recogido por Kempis en el s. XV en su libro “La imitación de Cristo” donde dice: “somos demasiado esclavos de nuestras pasiones (…) Nuestro mayor estorbo es que aún no nos hemos librado de las pasiones y concupiscencias (…) Apliquemos el hacha de raíz, para que, purificados de las pasiones, podamos gozar de paz espiritual” (Cap.XI).

Dentro del cristianismo se han dado repetidas corrientes extremistas. El propio protestantismo magnifica los efectos producidos por el pecado original en la naturaleza humana de modo que el hombre sería totalmente incapaz de hacer algo que le pueda merecer la salvación, que habrá de ser regalada por Dios. Según el protestantismo la naturaleza humana es absolutamente mala y sin remedio posible, de modo que la única esperanza posible para su salvación estriba la misericordia de Dios.

La visión de Kant sobre las disposiciones del hombre

Kant recoge toda la mentalidad anterior, dado que era protestante de una tendencia –Pietista- especialmente rígida. Por eso encontraremos en la antropología kantiana las expresiones más genuinas de la línea de pensamiento pedagógico que estamos describiendo. Para Kant la tesis naturalista de que las disposiciones del hombre se encaminan al bien, no están “fundadas en la experiencia, pues la historia de todos los tiempos clama poderosamente contra ella; posiblemente no pasa de ser una bondadosa hipótesis de los moralistas, desde Séneca a Rousseau, para estimularnos a cultivar sin desmayo el germen del bien que quizá hay en nosotros”. Kant dice con respecto a los términos “naturaleza humana” y “disposiciones naturales” que el bien y el mal radican no en la naturaleza misma, sino en las máximas morales adoptadas libremente por el hombre: lo bueno y lo malo no son un producto natural sino un producto de la voluntad del hombre.

El hombre tiene una naturaleza con unas disposiciones de distinto tipo; pero el hecho de que tales disposiciones y esa naturaleza sean buenas o malas es algo que depende de sí mismo. Añade Kant que esa opción del hombre es única, será por ello bueno o malo en todo, pero no lo puede ser en unas cosas si y otras no, pues sería contradictorio. Estas afirmaciones no se refieren a un hombre individual, sino a toda la especie humana.

Kant describe su tesis de la propensión al mal en la naturaleza humana distinguiendo tres grados: 1º. la fragilidad de la naturaleza humana para el cumplimiento del bien; 2º. la impureza en el cumplimiento del bien, de modo que en la realización de actos morales se incluyen otros que no lo son; 3º. la maldad por la cual el hombre comete el pecado. Ese mal impide que el germen del bien se desarrolle como lo haría en otras condiciones. A esta falta se la llama innata por que se hace notar tan pronto como se manifiestan en el hombre el uso de la libertad.

Consecuencia de esto es “la lucha que todo hombre moralmente bien dispuesto debe sostener en esta vida, guiado por el principio del bien contra, las impugnaciones del principio del mal” “y para afirmar su libertad debe hallarse siempre en pie de guerra”.

Por lo visto “Las disposiciones naturales del hombre no se desarrollan por si misma. La naturaleza no le ha dotado para ello de ningún instinto”, de modo que “el genero humano debe sacar de si mismo (…) todas las disposiciones naturales de la humanidad”.

Por todo ello “la educación es el problemas mas grande y difícil que puede ser propuesto al ser humano”. Kant define educación como la acción sobre la persona humana para ayudarle a que sea lo que deba ser. El hombre es la única criatura que debe ser educada (…) la disciplina convierte la animalidad en humanidad. Para este autor “únicamente por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es sino lo que la educación le hace ser”.

Otras antropologías negativas

Otros autores también han seguido el juicio desilusionado sobre las posibilidades de la naturaleza humana como pueden ser: Hobbes afirmando que el hombre es un lobo para el hombre, Darwing con las teorías de la supervivencia del mas fuerte generadora del darwinismo social conociéndose como teoría sociológica del conflicto defendida por W.G. Summers y A.W. Small pero con precedentes en Makiavelo y autores clásicos. Nietzche también siguió esta línea con el superhombre que nos muestra al ser humano como un depredador, pero a su vez Schopenhauer nos muestra un ser humano desgraciado que no puede escapar de su doloroso destino. Para este autor el egoísmo universal alcanza su máxima expresión en el hombre por estar dispuesto “aniquilar todo un mundo con tal de prolongar un poquito su propio ser, esa gota perdida en el océano”. Por su parte S. Freud nos muestra un hombre movido por el Eros sacudido únicamente por la búsqueda del placer.

Marcando diferencias con estos autores existen otros más realistas pero con algunos rasgos de pesimismo como P. Latin Entralgo quien no puede por menos de constatar que en la vida del hombre es odio, y es amor, pero amor de algún modo enfermo.

La pedagogía de la coacción

Según la tesis de la pedagogía de la espontaneidad la naturaleza humana va encaminada hacia su perfección, pero nosotros vamos a partir de la tesis contraria por ello la solución para la pedagogía de la coacción es que siendo la naturaleza humana incapaz de avanzar hacia la perfección por sí misma, abra que empujarla hacia ella.

Todas las formas de pedagogía coactiva tienes un mismo denominador, la idea de Jonas Cohn de que la educación es una violencia ejercida sobre el educando. Siguiendo la máxima de “quien bien te quiere te hará llorar”

Pedagogía de la implantación

La Pedagogía de la coacción puede ser la consecuencia de dos tipos de filosofía:

1. Una filosofía anti-naturalista, que considera la naturaleza humana como radicalmente mala, que no sabe ni puede orientarse hacia lo que perfecciona al individuo; así la educación asume la función de corregir y enderezar a la naturaleza.

2. Una filosofía humanista, que considera la naturaleza humana insuficiente parar llegar por si misma al ideal del hombre; Así la educación debe completar la naturaleza proporcionándole esos bienes que de por si no tiene.

La contraposición naturaleza/cultura es muy conocida en la Antropología a veces la expresamos con la fórmula inglesa nature nurture, poniendo de relieve que una cosa es lo que es dado al hombre y otra lo que el propio hombre ha construido, cultivado, creado e introducido como su ingenio y con su trabajo. El hombre ha nacido en un mundo (naturaleza) y con su acción y constancia, ha creado otro mundo, el universo cultural. Los dos tienen un valor, pero un valor distinto.

Rousseau y otros consideran que la naturaleza es lo mejor y ven en lo cultural un retroceso del hombre. Por el contrario para la mayoría (los humanistas), la cultura es un ideal del hombre, porque lo introduce al nivel racional. Para el humanismo el hombre nace naturaleza pero está destinado a convertirse en persona culta, sólo la educación podrá llevar al hombre al logro de esta finalidad, completando y corrigiendo la obra de la naturaleza.

Son muchas las antropologías que consideran que el ser humano nace “individuo” y por la culturación se convierte en “persona”. Según este modelo el educando es un ser mas bien receptivo y la educación estriba en “construir” en él esa nueva dimensión.

Para H. Henz: “educación es el conjunto de todas la acciones ejercidas sobre la persona para forjar una personalidad. En su núcleo o centro la educación tiende a la salvación del individuo: pueden considerase situados en torno a esta núcleo diversos estratos o sectores, en los que actúan la tradición cultural, los estímulos culturales, los cuidados a los individuos en la formación, la ayuda al desarrollo y hasta ciertas tendencias formativas o configurativas”.

A este proceso educativo Henz lo llama pasar del estado “persona” al de “personalidad”.

Según A.Cuvillier: “la educación intelectual consiste en despertar la atención del niño a problemas para los cuales no solamente no tiene interés natural, sino cuya existencia a menudo ni sospecha.”

A menudo se ha dicho que la educación, con la inculturación, crea en el hombre una segunda naturaleza.

Para Durkheim la educación crea en el individuo el comportamiento social, con lo que adquiere el rango de “persona” humana .También A. Manjón piensa que “educar es completar hombres”.

La educación se presenta como el tránsito del “ser” el “deber ser” del hombre, es decir, a la adquisición de unos valores objetivos que, conviniendo al sujeto, son sin embargo ajenos al desenvolvimiento natural del mismo. Estamos ante una pedagogía de la producción, de la creación, de la implantación de valores en el sujeto.

Para la Pedagogía de Kant la educación tiene estas cuatro funciones: crianza, disciplina, instrucción y formación. Para este autor en el hombre existen dos niveles: a). el hombre “natural” -o sensible- y b). el hombre “moral” -o suprasensible-.

a) La educación del hombre natural constituye la educación física. Es el amaestramiento que el hombre tiene en común con los animales. Comprende las tres funciones mencionadas anteriormente.

b) La educación del hombre moral constituye la educación práctica, que le corresponde a la persona en cuanto a ser libre y diferente del animal.

Comprende la cuarta función educativa la formación, que conduce al hombre a los fines supremos y universales.

Esta Pedagogía de Kant lleva el signo de su moral rigorista. Kant excluye las sanciones (premios y castigos), pues se trata de cumplir el deber por el deber.

Pedagogía de la conducción

Para E. Planchard: “la educación es obrar de una manera premeditada sobre el ser vivo a fin de llevarle a una meta prefijada”. En esta definición encontramos tres rasgos típicos de la Pedagogía de la coacción: 1º se trata de “actuar” en el educando; 2º esto se hace “sobre” él, es decir, en sentido vertical descendente (autoritario); 3º se quiere “llevar hacia” un objetivo previsto. También para Robert “la educación es un conjunto de medios con ayuda de los cuales se dirige el desarrollo, la formación de un ser humano”.

Platón afirma que “constituye la educación la dirección de los sentimientos de placer y dolor hacia el orden”.

Para Aristóteles “desde la primera infancia es preciso que se nos conduzca de manera que coloquemos nuestros goces y nuestros dolores en las cosas que convengan colocarles, y en todo esto es en lo consiste una buena educación”.

Tan esencial es ese rasgo educacional que ha servido para caracterizar la acción educadora y la ciencia que se ocupa de ella. Esta ciencia, que es la Pedagogía, alude a la función de guiar a los niños; deriva de la función ejercida por el pedagogo (del griego agogos, conductor), nombre (paedagogus) con el cual en la antigua Roma se designaba al siervo encargado de conducir a los niños.

Tan importante es la idea de –agogé- conducción, que algunos autores han propuesto cambiar el nombre de pedagogía, no han querido prescindir de la mencionada raíz; tal es el caso de de E. Krieck y P, Petersen al proponer al término Agogía para designar “la ciencia de la conducción, de la educación consciente y sistemática de niños y adolescentes”. Hace unos años, Hernández Ruiz y Tirado Benedí abogaron por el nombre Agología o ciencia de la conducción.

La pedagogía coercitiva

Suponiendo que la naturaleza del educando se resista a tomar la dirección de los valores culturales y sociales y a conformarse a ellos, habrá que “obligarla” a que lo haga. Esto es lo que siempre se ha entendido que sucedía y debía hacerse. Con lo cual se ha podido definir la educación como “una lucha del hábito contra el instinto”: con tales palabras se indica que la educación debe rectificar muchas inclinaciones naturales. Así lo decía Unamuno, argumentando contra Rousseau: “y como el niño hay que educarle para ser social y miembro de una sociedad, es preciso violentar su naturaleza siguiendo las leyes de la mismas”.

Para Gilbert Robin: lejos de dejar desarrollar en el niño sus tendencias naturales, hay que oponerse enérgicamente a su primer no, puesto que el papel del educador “no es de liberar los instintos del hombre, sino liberar al hombre de sus instintos.

Para la Pedagogía no naturalista esa tendencia incompatible con la sociabilidad no desaparecerá por si sola del niño, sino únicamente tras un empeño constante de la educación en contradecirla y en obligar al niño a tener en cuenta los derechos de los demás y respetar sus ideas, compartiendo con ellos las pertenencias propias. Esto no es fácil, pues supone un enfrentamiento constante contra las pretensiones de los niños.

Las pedagogías antiguas se mostraron especialmente taxativas en prescribir como un remedio una educación represiva y correctiva. A favor de esta Pedagogía antigua se encontraba San Juan Crisóstomo.

Este tipo de educación supone que el maestro goza de una autoridad indiscutible para imponer, sobre la naturaleza, el criterio cultural de la educación. En resumen, se ve la educación como “la influencia intencional ejercida sobre el ser juvenil para desarrollarlo o favorecer su desarrollo vital”, según dice L. Luzuriaga.

Y a la misma conclusión llega R. Hubert: “la educación es el conjunto de las acciones y de las influencias ejercidas voluntariamente por un ser humano o por otro; en principio, por un adulto sobre un joven, y orientadas hacia un objetivo que consiste en la formación en el ser joven de disposiciones de toda especie correspondientes a los fines para los que está destinado, una vez que llegue a s madurez”.

Pedagogía del esfuerzo

Educar cuesta, pues supone un enfrentamiento contra las tendencias naturales del niño. Pero también cuesta ser educado, educarse, autoeducarse, ya que supone una constante superación personal y una negación de los propios impulsos.

Por todo ello la educación se ha montado sobre un ideal de esfuerzo, de tensión, de sufrimiento. Prepararse para la vida es aprender a contenerse y dominarse. Según criterio de Durkheim: “la educación tiene como objeto el superponer, el ser individual y asocial que somos al nacer, un ser totalmente nuevo. Debe llevarnos a pulir nuestra naturaleza inicial: es con esa condición que el niño se convertirá el día de mañana en un hombre. Ahora bien, no podemos elevarnos por encima de nosotros mismos si no es a costa de un esfuerzo más o menos laborioso.”

Esta idea de lucha ascética inherente a la educación ha recorrido toda la historia de la Pedagogía, hasta los tiempos modernos en que se ha levantado la bandera de los derechos del individuo y de la libertad. Incluso J.Locke se muestra partidario de una educación dura y sin contemplaciones.

Según Kant: “el hombre ha de estar ocupado de tal modo que, lleno del fin que tiene a la vista, casi no se sienta a si mismo, su mejor descanso es el que sigue al trabajo. Por consiguiente se ha de acostumbrar al niño a trabajar. La escuela una cultura coercitiva. Es más perjudicial habituar al niño a que mire todas las cosas como un juego”.

Entre los pedagogos contemporáneos son pocos los que se expresan de un modo parecido.

Pedagogos y escuelas de tendencia coactiva

Vistas las tesis disciplinaristas, el niño es incapaz de dirigirse a si mismo, ni siquiera dentro del marco general de un sistema reglamentado. Habrá que inculcar al niño todos los detalles de los comportamientos que los adultos juzgan adecuados. Hasta que la conducta infantil resulte conforme a las normas, habrá que someterla a un control permanente utilizando la repetición de los ejercicios, la dependencia de los adultos y un temor a los castigos. Rudolf Steiner escribía en 1954 que los niños necesitan ser dirigidos autoritariamente hasta los 14 años.

Pedagogos clásicos

La tendencia rigorista es antigua, en el estoico Séneca, por ejemplo, aparece de un modo muy marcado, puesto que se basa en un concepto pesimista del hombre. Agustín de Hipona recuerda también esa educación constreñidora que obliga a los niños a aprender cosas que no les interesan. Igualmente M. de Montaigne entiende que la educación está para guiar y conducir al educando.

Pero esta idea pedagógica halla mejor expresión en la siguiente frase de J.Locke: "Me parece evidente que el principio de toda virtud, y de toda perfección reside en el poder de rehusarnos a nosotros mismos la satisfacción de nuestros deseos, cuando la razón los condena. Este poder se adquiere y se robustece por el hábito, haciéndose fácil y familiar mediante una práctica desde mucho tiempo. Por consiguiente, yo recomendaría, el acostumbrar a los niños a someter sus deseos y a rechazar sus apetencias, y esto desde la misma cuna".

Kant piensa que "dejada a sí misma la naturaleza nunca permitiría superar el estado de vida animal. Es menester recurrir a la disciplina para mantener la Naturaleza dentro de sus cauces legítimos mientras no consiga florecer nuestra humanidad gracias a otros métodos pedagógicos. (…) sin cultura y civilización el hombre sería siempre primitivo y salvaje".

Pedagogos cristianos

Conocida la raíz bíblica de la teoría cristiana de la educación podrían añadirse "No ahorres a tu hijo la corrección, que porque castigues con la vara no morirá" (prov. XXIII),"La vara y el castigo dan sabiduría; el muchacho consentido es la vergüenza de su madre" (prov.XXIX) o ,"¿Tienes hijos? Instrúyelos, doblega desde la juventud su cuello" (Ecles.VIII, 25).

Con este pensamiento la pedagogía cristiana perfiló un concepto y una práctica de la educación basados en la desconfianza, en la naturaleza del niño y en la necesidad de hacer que éste la contrariara y la superara en vistas a construir un ideal de persona virtuosa y espiritual. Lo vemos por ejemplo, en la Pedagogía de los Jesuitas, según la cual en palabras de Ignacio de Loyola: el Rector (maestro) "se procure que sea de mucho exemplo y edificación y mortificación de todas las inclinaciones siniestras, especialmente probado en la obediencia y humildad". Y en cuanto a los alumnos, que "se esfuercen en lo interior de tener la resignación y abnegación verdadera de sus voluntades y juicios, teniendo la voluntad y juicio de su superior por regla del propio".

Según M. Bertrán Quera, "San Ignacio quiere que el discípulo se haga capaz de ser enseñado, es decir, dócil. Esto se trata de una pincelada que nos enseña a distinguir bien estas dos funciones: docere y discere; propias del maestro y de alumno respectivamente y se opone radicalmente a pedagogías autoeducativas y autodidácticas de dudosa eficacia".

La Ratio Studiorum, del P.J.Nadal(1551), quería que en los colegios existiera un "corrector" (es decir, un individuo encargado de administrar los castigos), que será un seglar con autoridad y prudencia, y que "los azotes por culpas ordinarias sean seis y no excedan de ocho".

Comenta M.Bertrán que la Pedagogía de los Jesuitas es "algo muy opuesto a lo que hoy se conoce con el nombre de crisis de autoridad en educación. La Pedagogía primera de los Jesuitas merece el nombre de una Pedagogía de autoridad y obediencia"."La Pedagogía de los Jesuitas pretende autoeducar usando los medios austeros y ascéticos de la disciplina escolar. El discípulo irá previniendo desviaciones y forjando un carácter fuerte, capaz de ser algún día un carácter libre".

A finales del s.XIX, Juan B. de la Salle, fundó las Escuelas Cristianas sobre un modelo de cristianismo severo y ascético “por ser los niños tan débiles de espíritu como de cuerpo, y por carecer de luces para obrar el bien, están mucho más expuestos a caer en los precipicios, y necesita para caminar por el sendero de la salvación las luces de guías expertos” (…) ”Dios ha provisto a esta necesidad dando a los niños maestros” para que no se atreva “el demonio a acercarse a ellos”.

Pedagogos burgueses

El hecho de que la Pedagogía tradicional se haya mostrado severa, exigente, intelectualista y perfeccionista para con el niño tiene una explicación bastante plausible; y es que no conoció realmente al "niño", sino únicamente al "hombre" que el niño lleva en ciernes y al cual está destinado.

Se trata de una afirmación insólita y sorprendente, ya que, hasta la Edad Contemporánea no se conoció al niño.

A lo largo de los siglos y hasta el s.XIX, la infancia no gozó de estatuto propio. El niño no tenía derechos porque no era nadie en la sociedad. Se concebía la educación como una "preparación para el día de mañana". Es más físicamente no era representado con las proporciones corporales propias de un niño, sino de un adulto; realmente era un "hombre en pequeño".

La cortedad de miras de los antiguos maestros les impedía ver al niño como un ser distinto, peculiar, cuya educación debía concebirse en consonancia con las posibilidades, naturaleza y exigencias de su personalidad. Pero hubo de venir Rosseau para decírnoslo.

El marxismo representa en este punto un retroceso. Pues el marxismo tampoco reconoce un estatuto propio a la infancia, equipara el niño al adulto en cuestión de deberes sociales cuales son el de realizar un trabajo productivo y el de participar en la defensa de la patria y en la lucha anticapitalista. El marxismo acusa a la burguesía de mirar al niño como un ser no productivo, inacabado, apolítico, asexuado e irresponsable.

A semejanza de la Pedagogía cristiana tradicional, en otras culturas se ha sometido también injustamente al niño a formarse para los objetivos que son propios de los adultos, mediante una metodología que violenta la naturaleza infantil.

Ejemplos de la educación rigorista burguesa son los colegios nobles que se dan en Inglaterra, como son los de Eton, Harrow, Winchester y Rugby.

Pedagogos sociologistas, socialistas y comunistas

Cuando se parte de que "el individuo es para la sociedad", se cae también en una Pedagogía coactiva, dirigista, implantadora, antinatural y autoritaria. Pues la naturaleza individual espontánea anda muy lejos de pretender esos ideales, los cuales sólo se podrán imponer a base de exigencias y violencia. Este es el denominador común de las diversas pedagogías profesadas por todos los socialistas de diverso cuño.

A). Para los sociologistas la sociedad es la fuente de todos los valores humanos, de modo que las ideas, sentimientos y actitudes proceden del medio social en el que se han criado. En esto consiste la educación, que se ejerce mediante la autoridad que posee el maestro como mandatario que es la sociedad. P.Natorp profesa claramente este punto de vista: "La educación del individuo, está condicionada socialmente, así como, una configuración humana de la vida social está fundamentalmente condicionada por una educación adecuada de los individuos que han de tomar parte en ella."

E.Durkheim preconiza una pedagogía del deber social: el alumno será motivado no mediante premios o castigos, sino infundiéndole la conciencia de una subordinación a las exigencias de la sociedad: la disciplina escolar constituirá el primer elemento de la moralidad.

Según Durkheim el niño es un ser pasivo y el maestro ha de ser influyente en él; hasta el punto de que, para el mencionado autor, la educación viene a ser una especie de "sugestión hipnótica" que, dejará "profundas huellas en las almas".

B). El socialismo es una utopía que, proyecta una sociedad ideal, igualitaria y controlada autoritariamente, que aseguraría la felicidad de los individuos. Pero las utopías socialistas, suelen desconsiderar las necesidades personales de éstos y la psicología individual del alumno.

La pedagogía socialista clásica prevé que chicos y chicas sean educados en internados, y en el ejercicio del trabajo manual en favor de la comunidad, tanto en el caso de chicos como de chicas. Se les exigirá el servicio a la colectividad, a fin de inculcarles hábitos de colaboración con los demás de contribución al bien común.

C). Los pedagogos marxistas y comunistas están en la misma línea que los anteriores. Makarenko dice que la educación está al servicio de la producción industrial; por tanto es cosa de efectividad, no de amor.

En su libro Conferencias sobre educación infantil emplea a menudo el término "disciplina", y recomienda que la educación sea muy exigente con los alumnos, ya que se les deben influir hábitos de trabajo y servicio. Dice: "Del ciudadano soviético exigimos que no sólo comprenda por qué y para qué debe cumplir una orden, sino que sienta la aspiración activa de cumplirla del mejor modo posible. Le exigimos, que esté dispuesto a cumplir con su deber cada minuto de su vida sin esperar resoluciones ni órdenes, que posea iniciativa y voluntad creadoras. Confiamos en que sólo hará aquello que es útil y necesario para nuestra sociedad y país, y que ninguna dificultad ni obstáculo lo detendrá".

Pedagogos norteamericanos

En los estados unidos tras la posguerra se propagó una pedagogía extraordinariamente liberal donde se popularizó la democracia escolar influenciado por Dewey quien procura evitar un concepto rígido, formalista de la educación.

Pero en 1957 la URSS lazar el Sputnik adelantándose técnicamente a EE.UU., hiriendo su conciencia nacional, señalando al sistema educativo estadounidense, como la causa del poco rendimiento del país. La reacción no se hizo esperar, introduciéndose procedimientos directivos, copiados de la gestión empresarial, para asegurar la productividad académica.

W.Brookower demostró que los estudiantes reconocían que aprendían más y mejor con los profesores que los traban seria y severamente.

El máximo exponente contemporáneo del conductismo americano es B.F. Skiner que establece en Walden Dos un sistema de educación coercitivo, pues según el autor “una filosofía que creen en la bondad y prudencia innatas del hombre es incompatible con la realidad observada de que los hombres son buenos o malos, prudentes o imprudentes según el ambiente en el que se han criado”. “Nosotros (…) controlamos la adversidad para crear fortaleza (…) Nuestros niños, en alguna ocasión, experimentarán el dolor de corazón y los sinsabores de la vida (…) sería una práctica cruel protegerlos tanto tiempo como pudiéramos. (…) Nos quedaba un solo camino abierto, planear una serie de adversidades de tal forma que el niño pudiera desarrollar un máximo de auto control: Pueden llamarlo crueldad deliberada (…) y acusarnos de sadismo”. “En el fondo no es más que un sistema de molestias y frustraciones, gradualmente mayores inmerso en un ambiente de serenidad total”.

Pedagogos alemanes y otros

Alemania proporciona igualmente, modelos de educación basada en el objetivo de disciplinar la naturaleza individual. Así piensa W. Dilthey, que manifiesta “Por educación entendemos la actividad planeada mediante la cual los adultos tratan de formar la vida anímica de los seres en desarrollo”. Por su parte A. Messer entiende que “toda educación deber empezar por un periodo de autoridad inquebrantable. Una mano firme conviene a los muchachos (…) La voluntad hacia los valores, que nace en los jóvenes débil y delicada necesita un fuerte aliado contra los instintos salvajes y lo halla en una dirección autoritaria segura de su fin”.

El Pedagogo Gustave Wyneken funda la “Libre Comunidad de Wickersdorf” Este autor creía que la infancia deja al niño enraizado en la naturaleza, mientras que el espíritu objetivo separa al joven de su estado animal y lo introduce en el mundo de los valores espirituales. Para este proceso el maestro debe ser un Führer (conductor) espiritual que atrae a la juventud para que le sigan y experimente un sentimiento de vasallaje y fidelidad con respecto a él. La comunidad escolar es gobernada por un comité de alumnos, que actúa de forma no democrática. No se admite el voto mayoritario. La escuela debe funcionar como un bloque monolítico, que funde las voluntades individuales en una única. La comunidad está por encima del individuo y lo moldea para que se conforme a ella. Una educación coactiva y autoritaria será el medio de lograrlo. Era la obsesión “totalitaria” que en poco tiempo empaparía a los líderes alemanes, hasta llegar a Hitler.

Más tarde E. Krieck expresaba que “la educación es definida por la teoría pedagógica como una acción del educador al educando, acción consciente, planificada y dirigida a un fin”.

En este ambiente nace la pedagogía nazi, caracterizada por formar una juventud dispuesta a servir a la patria obedeciendo ciegamente las órdenes de un jefe; a la vez que se les inculcaba ideas racistas, pangermanismo, antisemitismo y militarismo. La base de todo esto era la disciplina, la fe en el maestro, la sumisión a las órdenes recibidas y poco interés por lo intelectual. Era una educación total, cuyo fin único era formar al hombre para integrarlo en el patrimonio de la comunidad nacional.

Pero la pedagogía coactiva también ha sido estudiada desde una perspectiva científica, como hace B. Reymond-Rivier en el siguiente texto: el “temor de dar complejos al niño, de falsificar o de impedir a su personalidad el desarrollarse completamente, se ha creído que se tenía que renunciar a toda coacción. Tal “principio”, frecuentemente adoptado también por comodidad o por incuria, no ha dejado de producir sus frutos: niños mimados, educados sin miramientos hacia los demás, incapaces de soportar la menor frustración y, lo que es más grave, débiles e resolutos, a esto han desembocado las teorías del “dejar hacer”. Pues el niño necesita reglas para hacerse fuerte, necesita sentirse encuadrado, dirigido; dejado libre siempre de escoger lo que quiere, se vuelve pronto un indeciso y un ansioso, no hay nada que dé más inseguridad que la indecisión; la ausencia de castigo le impide descargarse de su culpabilidad y aumenta su angustia al mismo tiempo que su agresividad. Por otra parte, acostumbrado a no obrar más que a su antojo, sin encontrar la menor censura, las primeras dificultades le descorazonarán y los fracasos sucesivos los imputará pronto a otro, o a las circunstancias. Para estos inadaptados también, la banda podrá representar un refugio y una compensación”.
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