lunes, 5 de octubre de 2009

Más inversión educativa contra la crisis


Con motivo de la conmemoración internacional del Día Mundial de los Docentes y las Docentes, el lunes 5, las organizaciones agrupadas en la Internacional de la Educación hacen un llamamiento para que los gobiernos inviertan en los docentes para construir un futuro mejor.

La crisis económica hace aún más necesario el aumento de la inversión económica en educación que garantice los recursos necesarios para lograr una educación pública de calidad.
Los sindicatos de enseñanza somos conscientes de la importante labor que cada día desempeñan nuestros docentes en cuyas manos, las familias y la sociedad depositamos nuestra confianza. Su trabajo constituye uno de los pilares esenciales para el desarrollo personal de los alumnos y alumnas y es la garantía de la reducción del abandono escolar o la atención a la diversidad en todas las etapas educativas que conlleva el avance y el bienestar social.
En una sociedad cada vez más compleja y globalizada, se exige cada día más a los docentes. Así, a la tradicional transmisión de conocimientos, tienen que añadir una educación para la vida, desarrollando habilidades que enseñen a convivir en paz, desde el compromiso con la justicia, la sostenibilidad medioambiental, la solidaridad y la igualdad.
Además tienen que enseñar a aprender para adaptarse a un mercado laboral que exige competencias nuevas y enseñar a convivir en una sociedad multicultural, resolviendo los conflictos de forma pacífica, abarcando múltiples aspectos que antes se reservaban al ámbito de la familia.
Ahora bien, para que el profesorado pueda realizar su trabajo es necesario que se reconozca de su autoridad como eje fundamental del proceso educativo. Este reconocimiento pasa por proporcionarle las herramientas necesarias para llevar a cabo su tarea diaria y aplicando medidas que, además redundarán en la mejora de la enseñanza. Así, es preciso reducir el número de alumnado por clase que permita una atención y un cuidado más cercano desde la atención a la diversidad; aumentar los equipos de orientadores y de educadores sociales, que ayuden a la integración social de niñas y niños en riesgo de exclusión social; garantizar una formación adecuada, tanto en la universidad como a lo largo de toda su vida profesional, que permita capacitarles para atender a las necesidades cambiantes.
Si insistimos en la necesidad de revalorizar el trabajo de los profesionales de la educación no lo hacemos guiados por un afán corporativista o por presentarnos como víctimas de la incomprensión. Lo que estamos reclamando es algo tan elemental como que si queremos educar bien, tenemos que arrimar todos el hombro. No nos parece justo exigir sin la contrapartida del esfuerzo por parte de todos, nosotros los primeros, eso por supuesto; pero también los padres y los propios alumnos.
En este Día Mundial de los Docentes, merece una mención expresa el personal no docente, el de administración y de servicios que, aun no apareciendo ante la sociedad como actores de la educación, son categorías y funciones totalmente esenciales para el desarrollo y la culminación de una enseñanza de calidad.
Es preciso recordar que una profesión bien remunerada, incentivada y respetada por las administraciones será respetada por la sociedad para la que trabaja, porque la autoridad emanará del respeto y no de la fuerza, del razonamiento y del convencimiento y no de la imposición legal.
A la vista de este panorama, en el Día Mundial de los Docentes hacemos un llamamiento al conjunto de la sociedad para que se reconozca el valor de su trabajo y su autoridad en la relación educativa, reclamamos un mayor compromiso de las administraciones y de la sociedad con el mundo de la educación, reivindicando la mejora de las condiciones laborales, la disminución de la ratio de alumnos por clase, la implantación de las figuras de los educadores sociales y la creación de aulas adaptadas al alumnado con necesidades educativas específicas.
Por último, en este día no podemos olvidar que en muchos lugares del mundo la educación no es considerada como un derecho y un valor imprescindible para el desarrollo humano. En numerosos países el profesorado no dispone de las condiciones adecuadas para desempeñar su labor. Sin un salario digno, sin la preparación necesaria, trabajando en aulas masificadas e insalubres y sin libros o pizarras o pupitres para dar clase, han de enfrentarse diariamente a una labor de la que dependerá el futuro de sus alumnos y alumnas. En definitiva, los gobiernos deben comprometerse con los docentes reconociendo la importancia de su labor y la dificultad de su tarea y dotándolos de personalidad jurídica mediante disposiciones legales que garanticen sus derechos.
José Campos, secretario general de la FECCOO y miembro del Comité ejecutivo mundial de la Educación.
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