lunes, 23 de mayo de 2011

¿Quiénes son los antisistema? ¡Sobran razones para la rebeldía!

Imagen tomada en la plaça do comercio, Lisboa en abril 2011

En España asistimos en las últimas semanas a la movilización de jóvenes, y otros no tan jóvenes, que han tomado la calle bajo el lema “Democracia real ya”, organizado por el movimiento 15 de Mayo repitiendo un esquema de movilización no violenta, agrupándose en el ágora pública,  emulando al movimiento popular del norte de África: Túnez, Egipto, Libia, Siria, etc. La fórmula no ha cruzado el estrecho en patera. Ha entrado en la península a través de las redes sociales, de las TIC, plantándose con descaro en las plazas de las ciudades españolas.  


Nos encontramos ante otro de los grandes momentos de las TIC, su capacidad de convertir las posiciones de las políticas 2.0, en acciones, en movilización real. La política 2.0  representa la evolución de las aplicaciones tradicionales de las TIC y de las Redes Sociales. La política 2.0 es una actitud y no una tecnología. La Web 2.0 es el cambio de la aplicación sin interacción, a las aplicaciones que funcionan interactuando con el usuario final. Se trata de aplicaciones que generan participación reemplazando las posiciones pasiva del usuario, de la ciudadanía. Su poder cruza fronteras y censuras. Es un paso más de globalización, vanguardia de un nuevo concepto de ciudadanía mundial, una oportunidad para construir un nuevo mundo, sin arrebatar a nadie sus tierras y posesiones, compartiendo sólo conocimiento y experiencias.  Las redes sociales ya han demostrado su competencia como nuevo instrumento para la política, generadora de nuevas representaciones mentales, de nuevos pensamientos y nuevos comportamientos, donde el individuo tiene su espacio reservado en la nube social.

Es mi opinión el movimiento del 15 de mayo,  tienen un valor importante,  abren una nueva senda para la expresión del descontento de jóvenes, mayoritariamente estudiantes, con  capacidad crítica ante la realidad del momento presente. 

Algunos creadores de opinión,  tachan de “antisistemas” a este movimiento. Pero... ¿realmente podemos considerar antisistema a quienes reivindican profundizar en la democracia? ¿Podemos denominar antisistema a quienes no se sienten representados por ninguna fuerza política actual? ¿Acaso no sobran los motivos para la movilización?

Hace unos días escuchábamos como la Canciller alemana Ángela Merkel decir que los   europeos del Sur tenemos muchas vacaciones y nos jubilamos pronto. ¿Es admisible tal desfachatez?. Quién es más antisistema, ¿quiénes están en las plazas españolas, o la poderosa Canciller Merkel?

Acaso las multinacionales con beneficios multimillonarios que anuncian expedientes de regulación de empleo, ¿no son más antisistema? ¿No es antisistema el sector financiero creador de la crisis, cuyos responsables  viven en mansiones de lujos, sin haber pagado por ello?  ¿no  es antisistema que el pueblo tenga que pagar los desmanes de la Banca? ¿No es ir contra el sistema recortar los derechos laborales y ciudadanos?

Estamos ante una nueva expresión de rebeldía, que fomenta la motivación: madre de la acción que permite la transformación. Es un alivio: se posiciona frente a la desmotivación, padre de la inacción y, por tanto, de la desmovilización.

Es una acción que transmite valores de libertad, participativos, colectivos, solidarios, sostenibles y  democráticos,  expresando compromiso ciudadano.

Nuestras democracias son mejorables, en los últimos tiempos lo vemos diariamente en Europa. Que en las plazas españolas, como quijotes ante los molinos del neoliberalismo, nos lo recuerden, obligando a repensar "los viejos-nuevos" valores. Es una buena noticias para quienes defienden una sociedad libre, cohesionada, abierta, democrática,  participativa, inclusiva e igualitaria.
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