viernes, 25 de abril de 2008

La revolución pendiente de los hombres

Todos los expertos coinciden en señalar que la gran revolución de finales del siglo XX y principios del XXI en occidente, ha sido la incorporación de la mujer de manera activa a la sociedad, así como el reconocimiento de la igualdad en todos los campos legislativos. Este acontecimiento es de un calado tremendo para nuestra civilización, pues en el mundo ningún país que no reconozca la igualdad entre hombres y mujeres es libre y avanzado.

Pero la Revolución de las mujeres no ha venido acompañada de la revolución del hombre. Los hombres, a lo largo de la historia, hemos heredado un modelo de ser persona, basado en la fuerza y el poder. Tenemos la obligación de aparecer siempre fuertes ante todo el mundo. Somos esclavos de esa idea.

Es hora de cambiar este modelo de hombre, un modelo de genero masculino que debe basarse en la igualdad y el respeto. Esta es la revolución pendiente de los hombres. Revolución que requiere que el hombre se acepte a sí mismo como un ser sensible, afectivo y vulnerable. Revolución imprescindible para que la batalla contra la violencia machista sea también de los hombres.

La violencia machista no es una cuestión circunscrita al ámbito doméstico y privado constituye un problema social grave, que se acrecienta día a día y que exige la adopción de medidas integrales.

Estos días he podido comprobar como detrás de cada caso de violencia de género se esconden víctimas que sufren inmensamente, las mujeres y los niños y niñas de estas familias rotas. La Ley integral contra la violencia de género ha permitido cumplir algunos objetivos, como la difusión de una consideración adecuada de las víctimas y de la necesidad de que toda la sociedad se comprometa en su protección y atención completa. Pero continúan los problemas de coordinación entre organismos, la mayoría de las intervenciones llegan cuando ya ha habido violencia severa y persiste desde luego la escasez de unos recursos imprescindibles para afrontar el verdadero reto que plantea la violencia sexista: el de la prevención, el de impedir tanta agresión y tantas muertes.

Indudablemente son necesarias aquellas medidas que tienen que ver con la protección efectiva, que van desde la seguridad personal a la tutela judicial o los servicios públicos que ayuden a las víctimas a una recuperación de su autonomía personal, cuestiones que ya refleja la ley. Pero también son vitales aquellas acciones que favorecen un cambio social, cultural y estructural. Es decir, aquellas que intentan llegar a la raíz del problema y que se entienden como medidas preventivas, educativas y de sensibilización.

La escuela debe ser un eje de intervención básico. Es necesario poner las bases para crear una cultura de la igualdad desde la infancia, adquiriendo valores y conocimientos para un futuro igualitario. No se puede consentir la violencia ni física ni psíquica de los chicos hacia las chicas, ni siquiera justificarla con que son cosas de niños, que ellos deben resolver. Hay que darles habilidades sociales saludables y democráticas. Tolerancia cero con la violencia. Con cualquier tipo de violencia.

Los agresores, en su gran mayoría, no son diferentes, o con enfermedad. Son como tú o como yo, ciudadanos ejemplares, amables, a menudo considerados en su trabajo. Pero que tienen una mentalidad medieval, piensa que la mujer es un objeto que le pertenece. Y cuando no se somete dócilmente a su voluntad, se siente humillado y recurre a la violencia. Esta es la clave de la conducta del maltratador. Un hombre, sin duda, celoso, posesivo y controlador, que actúa como si tuviese una especie de derecho natural para humillar a su pareja.

Cuando una mujer es violada, amenazada, acongojada, golpeada y asesinada toda la sociedad está herida de muerte. Y lejos de ser un problema de esfera individual, se convierte en un problema colectivo de nuestro tejido común, de nuestra sociedad. También de los hombres.

O asumimos con la mayor de las condenas este cáncer que habita en el interior de nuestra cultura patriarcal, superada en las leyes pero no en el estamento social, o no resolveremos el problema. O los hombres nos implicamos en denunciar, en asumir parte de la responsabilidad, en hacer pedagogía de la igualdad o esta batalla será larga y tediosa. No podemos dar la espalda a un problema que nos atañe como ciudadanos. Y mientras una mujer asesinada abra los titulares de la prensa cada mañana no viviremos en plena igualdad. Toca, pues, ponerse el traje de faena.


Escrito basado en el artículo publicado en el periódico extremadura el 25-4-08 por Javier Montilla. Coordinador del libro colectivo ´No sólo duelen los golpes. Palabras contra la violencia de género´.
Publicar un comentario