viernes, 31 de octubre de 2008

Educación a lo largo de la vida. Los mayores y TIC


Hemos asistido estos días a la movilización de la sociedad italiana contra los recortes en el sistema educativo público del citado país. Las crísis financiera que vivimos puede hacer que las élites políticas pongan su punto de mira en los gastos sociales y dentro de ellos en los educativos. Lejos de castraciones la educación pública es el pilar de cualquier sociedad libre y justa. En los nuevos tiempos ese pilar tiene que extenderse a toda la población, la senda de la educación a lo largo de toda la vida no puede cortarse. Por ello he querido reflexionar teóricamente sobre el tema.


En los últimos treinta años en los países occidentales se han conseguido éxitos sin precedentes en la educación, pero a la vez existe la sensación social de que el sistema educativo es incapaz de formar para la realidad social y laboral de principios del siglo XXI.

Nos encontramos en una sociedad del conocimiento cuya dinámica de cambio no ha hecho más que comenzar. En Julio de 2001, la Comisión de Estados Unidos para la Educación basada en Internet, planteó que no era ya el momento de discutir si el uso de Internet puede transformar el aprendizaje, porque ya lo daba por transformado, centrándose en hacer un llamamiento a los responsables políticos para establecer el aprendizaje electrónico como pieza central de la política de educación. En el mismo sentido, las autoridades educativas extremeñas han extendido el material de aprendizaje electrónico hasta hacerlo llegar a la vida cotidiana de las aulas.

Este parece uno de los más claros retos del futuro. La sociedad del conocimiento va a elaborar nuevas y potentes vías de acceso al saber.

Los cambios de todo tipo acaecidos en los países desarrollados durante la segunda mitad del siglo XX, son tan importantes que en el espacio de una vida, y por tanto al alcance de nuestra memoria individual, se acumulan tal torrente de acontecimientos innovadores, que no existe otra etapa histórica que haya obligado a las personas a un esfuerzo semejante de acomodación y de adaptación a nuevas formas de vida, que exige un aprendizaje y cualificación permanente a lo largo de toda la vida, donde el concepto de edad ha sido sustituido por el de ciclo vital.

En la segunda mitad del siglo XX, ha acontecido una de las revoluciones silenciosas más profundas de la Historia; que no sólo ha afectado a nuestras costumbres, a nuestras formas de producción y a nuestras relaciones políticas, sino que fundamentalmente ha modificado nuestra mentalidad. En sólo cincuenta años hemos visto: primero un desarrollo espectacular de la ciencia; y luego, como consecuencia, un auténtico estallido de la tecnología, aplicando el impresionante avance de las ciencias a la producción de instrumentos y de máquinas de todo tipo que han cambiado nuestras formas de vida, mejorando, como nunca, nuestra calidad de vida; y además, estas mejoras no se reducen a las elites sociales, sino que, amparadas por la democracia y el concepto de Estado del bienestar, se ha extendido a amplias capas de la población. Baste con recordar que, hace sólo cincuenta años, todavía existían serios problemas de hambre en muchas zonas de los países europeos.

El desarrollo de la tecnología es la base de la mejora en nuestra calidad de vida; por eso la tecnología se ha hecho imprescindible en nuestra sociedad contemporánea.
El avance de la ciencia se organiza desde un modelo en espiral que incluye investigación, desarrollo tecnológico y nuevas investigaciones que producen nuevos desarrollos tecnológicos. Esta espiral avanza en círculo, volviendo a pasar por los mismos puntos, pero cada vez más alto. Los países o regiones que no consigan seguir el ritmo de esta renovación tecnológica están condenados a no ser competitivos.

Los nuevos patrones de producción de la sociedad del conocimiento nos llevan a una economía y sociedad del conocimiento; por eso el actual sistema de desarrollo tecnológico está ahondando las distancias entre los países desarrollados y los países del Tercer Mundo.

El mundo se ha empequeñecido y la sociedad se ha globalizado con patrones de comportamiento generadores de idénticos problemas de desigualdad social acontecidos en otras fases de la historia, que en su formato actual se significa como BRECHA O FRACTURA DIGITAL.

El análisis de la desigualdad social puede aplicarse a la sociedad de la información, pues asistimos a un proceso de precarización de las relaciones sociales y laborales, sobre todo de quienes no pueden acceder a la sociedad de la información por falta de competencia digital. En este sentido es importante considerar a nuestros mayores como agentes activos de nuestra sociedad, que disponen de más tiempo para ingresarse por múltiples actividades, logrando ocupar nuevos roles en actividades de voluntariado y asociacionismo e incluso como agente de cambio socioeconómico.

A esta desigualdad se añade que la sociedad del conocimiento tiene que solucionar problemas de gran envergadura para la supervivencia, tales como el calentamiento de la atmósfera o que el desarrollo en espiral produce tendencias que, si no se corrigen, son altamente peligrosas para la estabilidad de los países más desarrollados; ya que son una de las causas fundamentales de los movimientos migratorios masivos que plantean nuevos problemas sociales y es que nadie podrá poner fronteras a jóvenes con los suficientes niveles de educación como para ser conscientes de sus escasas expectativas de futuro en unos países donde cada día observan retrocesos en su calidad de vida. Pero además vienen los mejores, ahondamos en los desequilibrios, al crear desiertos de inteligencia, de organización, de estructuras políticas y sociales capaces de defender los intereses de sus países de origen.

De hecho, en contraste con la extensión de los ordenadores en la escuela extremeña (hace unos días se entregaban portátiles a alumnos de un IES de Plasencia), existen multitud de Estados que, en el siglo XXI, no pueden garantizar un puesto escolar a todos los niños que viven en su territorio, ni siquiera con la ayuda económica ofrecida por UNESCO.

El impacto de las nuevas tecnologías sobre las formas de organización social es total: sobre lo cultural, laboral, educativo, etc. Cuando pensábamos que en los países occidentales el analfabetismo había dejado de ser un problema, surge la necesidad de alfabetización digital; cuando se pensaba que la comunicación escrita se había quedado obsoleta, surge con fuerza el correo electrónico; cuando se pensaba que las relaciones sociales eran incapaces de vencer al individualismo social, surgen los Chat como espacios de encuentro interpersonal. Pero ojo, sólo de quienes tienen acceso a esta tecnología.


Apuntes para afrontar como Educadores Sociales y desde nuestro contexto social, el fomento de la educacíon a lo largo de la vida, concretamente con los mayores.

Con carácter general y dirigido a toda la población mayor se tendría que realizar distintos programas formativos en función del nivel de calificación de los ancianos. Por las características de la población mayor de Extremadura, habría que seguir realizando programas de alfabetización básica, de lecto-escritura, talleres de fomento de la lectura, teatro, folclore, música, de alfabetización informática, etc. Para este último podríamos realizar talleres de iniciación a la informática y a Internet, utilizando los IES con la equipación informática básica, en las horas de no utilización por parte del alumnado más joven, Convertiríamos los IES en verdaderos Centro Integrales de Educación Permanente.

Igualmente habría que dotar a todos los Centros de Día (antiguos hogares del pensionista) de su correspondiente sala de ordenadores, para que los mayores puedan utilizarlos y navegar en la red, en estos centros se organizarían todo tipo de actividades que fomenten la utilización de estas nuevas herramientas de la comunicación, que lo permitan a nuestros mayores “no solo estar en el mundo sino con el mundo” (Freire) del siglo XXI. Esta labor en las zonas rurales me consta la realizan los telecentros.

Otra posibilidad de intervención la podemos desarrollar en las Residencias Asistidas extremeñas, donde una gran parte de los mayores que en ellas residen son personas con todas sus capacidades cognitivas intactas, pero que suelen tener algún tipo de patología física sobrevenida, que les impide desarrollar su vida en sus domicilios. Estas personas que ven mermadas sus capacidades, tienden a retrotraerse y dejando pasar el tiempo viendo la TV, en el mejor da los casos, alejados definitivamente de la sociedad, o lo que es lo mismo “estando” en el mundo pero “sin el mundo”. En este tipo de centros se debería planificar programas específicos que permitieran, al mayor número posible de residentes (evidentemente no a todos, probablemente por otras tendencias sociológicas o de carácter antropológica), acercarse a las nuevas tecnologías, abriendo para muchos de ellos nuevas ventanas al mundo, situándoles nuevamente en él.

Retos que plante la sociedad cognitiva a las personas mayores

En primer lugar, desde una perspectiva global, ya no se habla solo de los cambios intergeneracionales. Los debates sociológicos constatan que los cambios son tan acelerados que ya se puede hablar de cambios “intergeneracionales”. Es decir, en breves años se producen transformaciones políticas, económicas y sociales que antes requerían un espacio mucho mayor de tiempo.

En segundo lugar, en el caso de las personas mayores nos encontramos con dos situaciones: una de carácter sociológico que nos lleva a analizar la relación entre sociedad cognitiva y el fenómeno demográfico; la otra de carácter educativo que plantea de forma particular el contexto del aprendizaje.

Sociedad cognitiva y fenómeno demográfico:

Es necesario atender a las dos caras de la misma moneda, a saber:

a). Una primera cara que trata de acentuar la “dimensión pasiva” de los mayores. El rostro del fenómeno del envejecimiento se considera de forma negativa: incremento del gasto social y sanitario: posible pérdida del dinamismo social, aparejando el cambio de estructuras demográfica y dificultades para adaptarse a las transformaciones. Desde el punto de vista del aprendizaje, las personas mayores ya no serían sujetos aptos para aprender, por cuanto sus capacidades intelectuales presentan dificultades.

b). La segunda cara de la moneda resulta mucho mas positiva, por cuanto las personas mayores se están convirtiendo en agentes activos de nuestra sociedad, no sólo por su “incremento cuantitativo” sino porque disponen de más tiempo para interesarse por múltiples actividades relegadas durante su vida profesional, porque pueden ocupar nuevos roles en actividades de voluntariado y asociacionismo e incluso, porque como grupo importante, no dejan de ser actores de cambios económicos en los sectores relaciones con la salud, la calidad de vida, el ocio, el turismo, la cultura, la formación etc.

El envejecimiento de nuestra sociedad no puede entenderse sólo como un problema de estructura demográfica. Es también un problema de estructuras mentales e institucionales, lo que obliga a que la sociedad deba adaptarse a esta nuevo hecho, integrando el fenómeno de envejecimiento e su desarrollo global, articulando, al mismo tiempo, medidas económicas, políticas, sociales y educativas. En esta tarea los educadores sociales tenemos un campo infinito de actuación.

Sociedad cognitiva y aprendizaje de las personas mayores:

La atención a las personas mayores ha tenido y sigue teniendo cierta descompensación. En primer lugar, porque hasta hace muy poco tiempo el grupo de personas mayores era más minoritario. Sus expectativas de vida eran menores.

Las circunstancias son hoy totalmente diversas: el colectivo de los mayores es muchos más numeroso y tampoco es un colectivo homogéneo. Mucho más amplio en el tiempo de expectativas de vida desde su jubilación.

Si las circunstancias han determinado que las preocupaciones gerontológicas hayan discurrido y tenga que seguir discurriendo por la vertiente médica, psicológica, hoy, ante las transformaciones y cambios en el propio colectivo adulto, es necesario ofrecer nuevas perspectivas. A las atenciones médico-sanitarias en su vertiente geriátrica y las atenciones psíquicas desde la perspectiva de la gerontología, que vienen desarrolladas en la reciente "Ley de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia", hay que añadir la vertiente socioeducativa.

El instrumento pare ello es el desarrollo de planes gerontológicos integrados, que junto a la atenciones a la salud y asistencia sanitaria, las pensiones, el amplio cambio de los servicios sociales, potencien la dimensión educativa, cultura y de participación social.

Se pretende prevenir declives prematuros, facilitar roles significativos, potenciar el crecimiento psicológico y el disfrute de la vida en las personas de mayor edad y fundamentalmente, es necesario operativizar el derecho y la posibilidad de seguir aprendiendo a lo largo de toda el ciclo vital.



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